CAZADOR DE SONRISAS. Reseña por Andrés Carrión

Hay ciertas profesiones que aparecen frecuentemente en las series, en los largometrajes, en las novelas e, incluso, en los cómics: policía, abogado, médico, etc… Otras, en cambio, apenas lo hacen. La de dentista es una de ellas. Visto como el pariente pobre del médico, suele utilizarse como salida laboral para personajes secundarios, graciosos o raros (como en “Mujeres desesperadas”, o el de la famosa escena de la peli de culto de Roger Corman “La pequeña tienda de los horrores”. Muy pocas veces el protagonista de la historia se dedica a la odontología. Entre esas excepciones estarían las películas “The dentist” de Brian Yuzna o “La vida secreta de un dentista” de Alan Rudolph. El cómic del que hoy nos ocupamos,“Cazador de sonrisas”, entraría también dentro de esta categoría.

Y es que la boca es un lugar extraño con dos caras claramente diferenciadas: la exterior, que mostramos a los demás cuando sonreímos, con nuestros dientes más o menos blancos, más o menos perfectos; pero también hay una faceta más oscura y lóbrega, el interior de nuestra boca, que es en realidad una caverna húmeda, llena de saliva, sarro, restos de comida y bacterias. Algo poco agradable de ver, que sólo nuestro “amigo” el dentista conoce realmente. Y ese reverso lo encontramos también en el personaje central de este cómic: Herbert F. Dunne es un odontólogo norteamericano, wasp, que vive en la utópica década de los años 60. Marido y padre de familia ejemplar, pilar de la comunidad, querido y respetado por sus vecinos, a quienes cuida las dentaduras e invita a sus barbacoas.

Herbert Dunne, protagonista de la novela gráfica Cazador de sonrisas

Pero, a medida que pasamos las páginas, vamos conociendo su otra cara, más oscura y desconocida: su falta de empatía por el dolor ajeno, que le llevó en el ejército a ejercer funciones de torturador, siempre al servicio de la patria y cumpliendo órdenes. Esa sombra de su psique, esa personalidad desconocida, es mantenida a raya ante sus allegados. Pero Agustín Ferrer Casas, también guionista de la historia, nos la va descubriendo poco a poco, como las extrañas filias sexuales que lo llaman, o las veces que recurre a sustancias prohibidas para relajarse. La vida de este dentista dará un vuelco con la llegada de una nueva familia a la comunidad. La hija adolescente se convertirá en paciente del doctor Dunne, para el cuidado y mantenimiento de su aparato de ortodoncia.

La trama cotidiana pasará a partir de aquí a convertirse en un thriller… pero, como decían en un famoso concurso, “hasta aquí puedo leer..” sin desvelar información importante para aquellos que conocen esta historia. Porque este es un cómic de sorpresas, de giros argumentales que llevan la historia en otra dirección pero sin trampas, sin sacarse de la chistera un efecto sorpresa final. El autor es respetuoso con el género que maneja y eso se agradece.

La mejor escena para un servidor es la de la barbacoa donde aparece el padre (militar de profesión) de la adolescente y se da a conocer al resto de la comunidad de vecinos. Diálogos geniales que muestran en pocas pinceladas las diferencias entre estos dos hombres.

barbacoa en el cómic cazador de sonrisas

En cuanto al dibujo, de carácter realista, en ocasiones me recuerda al estilo de Miguelanxo Prado o de Das Pastoras. El uso del color es excelente, dotando de una atmósfera retro a la ambientación de los años 60. Viendo las viñetas, con una composición de página de carácter clásica, me resulta difícil creer que éste sea el primer cómic de su autor, el novel Agustín Ferrer. También es la primera andadura en el mundo del cómic de esta nueva editorial llamada Grafito, que arriesga con un curioso método de compra, apostando no sólo por el tradicional formato en papel sino también por el moderno formato digital, con una notable rebaja de precio sobre el mismo; vamos, que por lo que te cuesta un capuchino (2,50 euros) te haces con una estupenda novela gráfica.

La verdad es que los chicos de Grafito se han puesto el listón muy alto con esta obra (que, a mi juicio, debería estar en las listas de los mejores cómics nacionales de 2014), y veremos qué es lo próximo que sale de esta nueva editorial, a la que le deseamos la mayor de las suertes y una larga trayectoria trufada de buenos cómics.

No me extrañaría nada que, en las próximas nominaciones a esos conocidos premios catalanes, Agustín Ferrer apareciese en la categoría de autor revelación. Quedaos con este nombre, porque yo pienso seguir muy de cerca sus próximas obras. Y a los chicos de Grafito, también.

Reseña por Andrés Carrión

LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE. Comic de Juaco Vizuete

LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE
de Juaco Vizuete (Edit. Astiberri)

Hay dos tipos de creadores: por un lado, los que inventan las historias que les hubieran gustado vivir a ellos y, por otro, los que se basan en sus experiencias autobiográficas. Entre los autores de cómic valenciano esta división ha estado más o menos clara desde siempre. En el primer grupo, encontrábamos nombres como los de Mique Beltrán (La pirámide de cristal, Macao) o Daniel Torres (Opium, La estrella lejana), con sus aventuras escapistas; mientras que otros dibujantes, como Sento (Velvet nights, Un médico novato), preferían ceñirse  a la realidad de cada día.

Con la nueva hornada de autores (como el colectivo de artistas surgido de Los 7 monos) sucedió lo mismo: mientras que algunos, como Victor Santos (Los reyes elfos, Pulp heroes) o Jordi Bayarri (Entre Tinieblas, Magia y acero) recurrían a diversos géneros (como la fantasía épica, la ciencia-ficción o la novela negra) para contar sus historias, otros autores, como Sergio Córdoba  (Freaks in Love, Malas tierras) optaban por historias realistas, basadas en sus experiencias personales. Y llegamos a Juaco Vizuete, el autor alicantino, una auténtica rara avis, que rompe con esta tradicional tendencia, aunando ambos tipos de historias en su obra tebeística.

Juaco se dio a conocer a finales de los 90 con  “El resentido”, que partía de una experiencia íntima y personal entremezclada con elementos inventados.

Después se alejó de esa tendencia, bien para hacer obras de encargo como “Julito, el cantante cojito” o “Nuevas hazañas bélicas” (ambas con guiones de Hernán Migoya), bien para  experimentar y homenajear los referentes comiqueros adquiridos a lo largo de toda una vida de lecturas, como hizo en esa obra llamada “El experimento”.

Y ahora regresa al primer plano mediático con una obra tejida de sentimientos, llena de recuerdos personales, llamada “Lo primero que me viene a a la mente”. En realidad podía haberse titulado “Lo que me sale del bolo” (pero ése ya estaba cogido), “Aquellos desagradables años” o “Cuéntame lo que no pasó”.

En esta obra encontramos al Juaco de sus inicios, el mismo de “El resentido”, con una historia que le brota de dentro. Eso se nota, claro que se nota. Pero con un dominio a nivel narrativo mucho  mayor, el mismo que ya mostraba en su excelente cómic  “El experimento”, obra que pasó desapercibida para la gran mayoría.

Viñeta de el comic LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE de Juaco Vizuete

Al leer el título –a mí me pasó–, uno piensa que se va a encontrar con una historia egomaníaca, llena de chistes privados, para disfrute de él mismo y de sus cuatro allegados, donde el autor exorcizaría sus demonios internos. Hay muchos cómics y novelas onanistas que caen en ese mismo error.

Pero Juaco Vizuete es un autor inteligente y no escoge ese camino fácil. Utiliza algunos elementos autobiográficos pero sólo como punto de partida, como resorte de activación, colocándolos en medio de muchas invenciones, desdibujando la realidad misma, resultando difícil discernir qué pasó de verdad y que es ficción; haciendo más atractiva la historia que nos quiere contar.  ¿Y cuál es ésta? No es fácil de resumir en pocas palabras. Algunos, tras la lectura de esta novela gráfica apaisada, pueden decir: ¿la pérdida de la infancia? Quizás. ¿El hacerse mayor, sin que uno se de cuenta, poco a poco? Puede ser. ¿El sinsentido del comportamiento de los adultos? Sí, eso también. No se puede explicar la trama sin destriparla. Y no lo voy a hacer, porque ya lo han hecho diversas reseñas que pululan por la blogosfera. Pero a mí, como lector, me gusta no saber lo que me voy a encontrar ante una obra nueva, verla sin ideas predefinidas. En esta sociedad hiperconectada, es muy difícil volver a tener esa experiencia de lectura pura (en el caso de un libro o un cómic, o del visionado, en el caso de una peli); sin que los trailers o las reseñas que circulan por la red de redes te hayan contado el 80% de lo que pasa.

Lo primero que me viene a la mente” es una obra fruto del paso del tiempo, elaborada a fuego lento por Juaco, que reflexiona sobre ese mismo hecho: la rapidez con que pasan los días, la fugacidad de la vida, el tránsito de la infancia al mundo adulto. Requiere de una lectura sin prisa, pero sin pausa.

comic LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE de  Juaco Vizuete

Ahora que los de nuestra generación, nacidos a principios de los 70, comenzamos a tener descendencia, y miramos hacia atrás (sin ira) con nostalgia, comparando nuestra infancia con la de nuestros vástagos, está bien que no todo sea una mirada idealizada. Juaco Vizuete no ha hecho este cómic para aprovecharse del tirón mediático del rentable “Yo fuí a EGB”. De hecho, se puede decir que este cómic es como su “reverso tenebroso”, como la cara B del antiguo cassette. Y contar a las nuevas generaciones que no todo era tan guay en la España democrática post-franquista. Que, a veces, el tigretón o la pantera rosa te caían mal y te hacían una bola en el estómago. Que el ambiente estaba enrarecido (sin llegar al nivel de las pelis de Lynch), sin que supieras muy bien por qué. Que los adultos, quienes parecía que lo sabían todo y lo tenían bajo control, en realidad tampoco poseían todas las claves de la existencia. Que el tesoro que encontrabas por sorpresa en el cajón de tu hermano, no eran lingotes de oro, sino una revista con fotos de mujeres desnudas: una invitación a un mundo extraño y desconocido, el de los adultos, en el que, por un lado, querías entrar, y por otro, te repelía.

Juaco nos ha hecho viajar en el tiempo; pero, en vez de una magdalena, él se ha servido de un tarro de Nocilla para evocar ese pasado reciente, aunque cada vez nos resulte más lejano.

Otro acierto de esta obra es la combinación de voces. La del narrador, con un tono poético-nostálgico, se intercala con los diálogos naturales y espontáneos de los dos hermanos protagonistas.     En cuanto al formato apaisado, debo decir que sorprende un poco al principio, pero en cuanto entras en la historia, ya te olvidas de ese curioso detalle.

En definitiva, una lectura muy recomendable, que no debe asustar por su gran número de páginas (más de trescientas), ya que se leen de un tirón, como en un suspiro.

No me extrañaría nada que, en un futuro cercano, esta obra que habla del pasado esté nominada a los premios más importantes del mundillo comiquero español.

Eso es lo que necesitamos: menos cómics de la Guerra Civil y más del 23-F. Gracias, Juaco, por mostrarles el camino a los que vienen detrás.

Reseña por Andrés Carrión

OSAMU TEZUKA

 

Sólo hace falta ojear una página, cualquiera de ellas, planeada por la mente de Tezuka y entrar de lleno en una historia que te engancha, una trama adictiva que te obliga a pasar a la siguiente página para averiguar qué va a suceder a continuación.

Hábil narrador, capaz de hablar de conceptos complejos (como la reencarnación) de manera amena y sencilla (cualidad propia de los grandes), se puede decir que el tema principal de su obra es la Condición Humana. Así, con mayúsculas. Al igual que Shakespeare, Dostoievsky o Tolstoi (por citar algunos nombres ilustres de la literatura universal), o Kurosawa o Bergman (de la del cine), en Tezuka encontramos esa misma preocupación humanista, ese existencialismo sobre ese ser que anda a dos patas por la superficie de este planeta azul llamado Tierra.

2013: ¿AÑO TEZUKA?

En nuestro país hemos tenido el problema de que sus obras nos han ido llegando con cuentagotas. Se puede decir -medio en serio y medio en broma- que cada cierto tiempo, de repente, hay una serie de ediciones (y sobre todo reediciones) que convierten ese año en “el año Tezuka”.

Todo comenzó en 1999 con la publicación de una de sus obras de madurez, Adolf, la historia de tres hombres que se llaman igual (un judío, un alemán y el célebre Hitler). Esta primera edición por parte de Planeta-De Agostini apareció en cinco tomitos (posteriormente, en 2010, se publicaría la versión en dos tomos y ahora mismo, hace pocas semanas, acaba de salir a la venta la tercera edición, esta vez con caja, en plan edición supercoleccionista).

El éxito de Adolf animó a esta editorial a seguir introduciendo en el mercado hispano más mangas de Tezuka y así, en 2001, le siguió la publicación de Fénix, que podríamos llamar su “novela gráfica-río”. Una historia a través del tiempo y del espacio sobre la evolución humana y, más en concreto, sobre la historia de Japón, usando como nexo de unión la figura del mítico Fénix, el pájaro que renace de sus propias cenizas. Estructurada por el autor como tomos independientes (aunque él originariamente la publicó por entregas en diversas revistas), esta primera edición en España fue en formato tomitos (bastante estrechos) y englobó las cuatro primeras historias (Los albores de la historia, El futuro, La época de Yamato y El espacio). Planeta siguió con otras historias de Tezuka y en 2002 comenzó la publicación de otra de sus grandes obras (por calidad y por extensión), nada más y nada menos que la biografía de Buda en 10 tomos. En 2003 retomó Fénix, editando otras historias que tituló Fénix: pájaro de fuego (en dos tomitos).

Así quedaba demostrado que en nuestro país había un mercado para este genial autor, y más editoriales se animaron a seguir con sus obras. Se había abierto la veda. No había problema, porque había Tezuka para todos (y para rato).

En 2004, la ahora desaparecida editorial Otakuland nos trajo tres obras desconocidas para el lector español: una curiosa adaptación de Dovstoieski (Crimen y castigo) y dos de sus obras maestras: Oda a Kirihito (3 tomos) y Ayako (2 tomos). Ese mismo año, Glenat publicó la historia independiente Metropolis, y tres series clásicas (las que cimentaron la fama y fortuna de este autor en el país nipón): Astroboy (21 tomos), Blackjack (17 tomos) y La princesa caballero (3 tomos). Se puede decir, sin miedo a equivocarnos, que el año 2004 fue un año Tezuka por la cantidad de páginas editadas inéditas que nos llegaron de este (cada vez menos) desconocido autor. Planeta-De agostini no quiso ser menos y, ese año también, nos trajo otro arco argumental de Fénix, Resurrección (2 tomos).

Los años siguientes, Planeta por un lado y Glenat por otro continuaron editando más obras de Tezuka. Así, además de concluir Astroboy y Blackjack, nos llegaron El árbol que da sombra y MW (en 2005), y Lost World, Next World y La nueva isla del tesoro entre 2007 y 2008. Dolmen se atrevió con Bajo el aire (2008) y Norma con La leyenda de Son Goku (2010).

Y así, llegamos a este 2013, el año en que Tezuka ha vuelto a nuestro país por la puerta grande. En abril, Planeta comenzó ¡por fin! la reedición, en tomos de tapa dura, de Fénix (obra que llevaba mucho tiempo descatalogada y que los lectores españoles estábamos esperando desde hace años). En julio nos llegó la edición, por parte de la editorial Astiberri, de El libro de los insectos humanos (inédita en España), una novela gráfica de corte adulto. La reciente reedición de Adolf (en una nueva y lujosa edición en una caja) y la próxima aparición de La canción de Apolo (editada en inglés desde hace años pero inédita en nuestro idioma) por parte de ECC, demuestran que este año, al igual que aquel 2004, también puede considerarse otro “año Tezuka”. Suponemos que, si las ventas acompañan, las editoriales seguirán publicando más mangas de este autor y así, poco a poco, iremos completando los múltiples rostros de este genio del noveno arte, considerado en Japón poco menos que un dios del cómic. Lo que no se le puede negar, desde luego, además de talento narrativo, es la gran variedad de propuestas y géneros que abordó.

Aunque la mayoría de sus obras más célebres ya se han publicado en España, son muchas aún las páginas que permanecen inéditas no sólo en nuestro país, sino también en el continente europeo; pero es comprensible, dada la ingente cantidad de la producción de Tezuka: se calcula, según algunas fuentes, que el maestro llegó a publicar 700 mangas.

kimba_el_leon_blanco

Aunque hay países que nos ganan en número de ediciones (Francia, sin ir más lejos), otros, como Rusia o Alemania están a la cola. Así que, visto lo visto, no podemos quejarnos demasiado, aunque no se entiende que aún haya mangas tan célebres como Kimba, el león blanco (según las malas lenguas, obra de la que Disney se basó-inspiró-plagió para su famoso Rey león), que encontramos en las tiendas de cómic de Alemania, Francia e Italia y todavía permanece inédita en nuestro país. Lo mismo sucede con Barbara (publicado en inglés y francés) o con Dororo (editado en francés, italiano y portugués), Triton of the sea o Unico, que están traducidos al inglés y francés. Y otros, como Don Dracula, salieron en Francia y Portugal.

En definitiva, ¿quién sabe cuantas obras maestras de Tezuka nos estamos perdiendo en el mercado hispano-hablante? Aunque suponemos que de entre esa gigantesca producción no todo serán obras maestras, y puede que a muchas de ellas el paso del tiempo no les haya sentado bien. Pero lo que sí podemos decir es que, de las obras editadas en nuestro país, la mayoría han aguantado bastante bien el cambio de siglo.

LOS MÚLTIPLES ROSTROS DE OSAMU TEZUKA: LUZ VERSUS OSCURIDAD

Autor de obras de ciencia-ficción que pueden parecer ingenuas a los ojos de hoy (como Metropolis o Astroboy), de mangas tiernos e infantiles (Kimba el león blanco, Unico, etc…), creador de nuevos géneros como el manga para chicas o shojo (con La princesa caballero), adaptador de clásicos (Crimen y castigo, La nueva isla del tesoro, Lost world... ¡incluso se atrevió con la Biblia!), biógrafo de personajes célebres (Buda)… estas son sólo algunas facetas de ese prisma de enormes caras que supone la obra de ese genial artista conocido como Osamu Tezuka.

Es muy curioso ver cómo en nuestro país últimamente se están reeditando sus obras más oscuras, más duras, las más adultas, en definitiva. ¿Será el signo de los tiempos? ¿Tendrá algo que ver la crisis económica y moral en la que nos encontramos? En esos mangas encontramos sexo, innumerables desnudos, violaciones (tema recurrente en muchas de estas obras), incesto (Ayako), drogas, homosexualidad (MW), corrupción política (El árbol que da sombra), asesinatos (Fénix), virus letales (Oda a Kirihito)…

El mismo hombre capaz de crear personajes luminosos como el pequeño unicornio, Unico, y el leoncito Kimba, mostrándonos los sentimientos más positivos como el amor, la esperanza, etc…  a partir de los años 70, influido por la corriente gegika que realizaban otros autores fuera del circuito comercial, dio un giro de 180 grados, y nos mostró todas las sombras de la condición humana (la envidia, los celos, el deseo, el odio, el ansia de poder, etc…) que, como podemos comprobar vía cualquier telediario, siguen plenamente vigentes.

CAMISA BLACK JACK 1.QXD

Otro tema presente en gran parte de su obra es la medicina; de hecho, Tezuka estudió la carrera antes de ser mangaka. La abordó desde una perspectiva más fantástica (como en su serie Blackjack, protagonizada por un cirujano capaz de realizar operaciones imposibles), o más realista (como en Oda a Kirihito, donde nos muestra la mafia de la clase médica nipona), e incluso desde un punto de vista histórico, contando la introducción de la medicina occidental en Japón durante el siglo XIX (El árbol que da sombra). Muchos de sus personajes tenían esa profesión que conocía a la perfección, aunque jamás llegó a ejercerla, dado el éxito que obtuvo en su trayectoria como mangaka.

Tampoco hay que olvidar su rostro más transcendental, filosófico, e incluso cósmico. El Tezuka de Fénix es capaz de presentarnos todos los vicios de nuestra especie sin perder de vista lo insondable, lo eterno. ¿Dios? No es necesario ser creyente de ninguna religión para entender la búsqueda del pájaro de fuego, ese símbolo de la inmortalidad. El hombre es mortal y lo sabe. Y busca trascender esa mortalidad de alguna manera. El autor reflexiona en esta magna obra que, igual que el ser humano no cambia, apenas evoluciona moralmente (por muchos años y siglos que pasen); nuestra ansia de responder a las tres eternas cuestiones irresolubles (¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?) también permanece inmutable. Mientras quede alguien que piense y se plantee preguntas, seguirá habiendo gente que busque al mítico pájaro. Algunos, con la intención de cazarlo y hacerse con su poderosa sangre, para escapar así de la muerte; otros, con la simple idea de capturar su imagen en una estatua.

LA ALARGADA SOMBRA DE TEZUKA

Ya hemos comentado la vigencia, a día de hoy, de la temática de muchas de sus obras. Pero es que narrativamente hablando también son modernas. Tezuka juega con el uso del espacio, descompone las viñetas, usa un ritmo cinematográfico (cambia de planos, usa ángulos inusuales), introduce rupturas de tono y estilo, aplicando un enfoque humorístico que muchas veces desentona con el resto de la obra (como, por ejemplo, su costumbre de sacarse a sí mismo como personaje caricaturizado).

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Y su influencia se ve en algunos autores posteriores. Es imposible no pensar en Toriyama y su Dragon Ball tras leer La leyenda de Son Goku. ¿Habría Toriyama abordado su más famoso manga, de no haber leído a Tezuka?
Lo mismo nos ocurre con Katsuhiro Otomo y su célebre Akira (del que próximamente nos venderán un refritado remake hollywoodiense en imagen real). De hecho, sin Tezuka ni su Astroboy, no habrían existido Maginzer-Z, ni Doraemon, ni ningún otro robot japonés. Olvídense de los mechas; si Tezuka no hubiera dibujado la historia de The devil Garon, en la que un niño entra dentro del pecho de un robot, nos habríamos quedado sin Neo Genesis Evangelion, Ghost in the shell o Alita, ángel de combate.
Sin La princesa caballero, ya lo hemos dicho, no existiría tampoco el shojo tal y como lo conocemos hoy en día. Adiós a Rukito Takahasi y su Ranma 1/3, adiós a las CLAMP. Resulta muy difícil, por  tanto, tratar de entender el manga sin la influencia de este autor. No podríamos entender esa variedad de géneros, esa mezcla de estilos, esa capacidad de lo mejor y lo peor, de pasar de lo cómico a lo trágico en pocos segundos. Gracias a Tezuka, el manga de hoy en día es tal y como lo conocemos.

Pero si hay un autor actual influido fuertemente por el legado de Tezuka ése es, sin duda, Naoki Urasawa. Desde su famosa serie Monster (que muy pronto el canal norteamericano HBO convertirá en serie de imagen real bajo la producción de Guillermo del Toro) se percibía ya que se trata de un gran discípulo, un aventajado alumno, digno del maestro. Esa obra se nota muy inspirada por la influencia de Adolf. No en vano, gran parte de la historia transcurre en Alemania, sucede en diferentes países, con un gran paso del tiempo, y es una historia coral entre varios personajes, en la que los actos de un personaje tendrán posteriormente gran repercusión sobre la vida de otros, tal y como sucede en la vida..

Y luego está, por supuesto, Pluto; un encargo de Tezuka Productions, Makoto Tezuka, el propio hijo del creador y director de esta productora, escogió a Naoki Urasawa para que se encargara de adaptar a nuestros tiempos una famosa historia de Astroboy titulada “El robot más grande de la Tierra”. Naoki aceptó el reto y lo superó con creces, aportando, además, una reflexión muy actual sobre las armas de destrucción masiva. Seguro que el maestro estaría muy orgulloso de su trabajo.

Nos hemos dejado cosas en el tintero, nunca mejor dicho, como la faceta de Tezuka en el campo de animación, donde, para variar, también fue un pionero. Pero, como ya dijo alguien, ésa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.

Artículo escrito por Andrés Carrión.