CÓMIC Y CAÑA: X-FORCE Nº 1

21 septiembre, 2014
Compartir

Estamos en septiembre y en Valencia, como decía Voltaire, hace un calor que se caga la perra. La NASA (pronúnciese como Chiquito) lo ha explicado esta semana con una fotografía que reproducimos a continuación:
Distancia de la ciudad de Valencia al SOL, que explica claramente porque hace este CALOR tan infernal.
Visto lo visto, nada mejor que meterte entre pecho y espalda un clásico de los 90 dibujado por Rob “the man” Liefeld acompañado de una cerveza fría, barata e insípida como la Amstel. Bocato di cardinale, bambini!

CÓMIC
X-Force nº 1
Guión de Fabián Nicieza y argumento y dibujo (?) de Rob Liefeld
Publicado por la extinta Cómics Forum

portada de el cómic X-Force nº1

El cómic es una orgía visual no ya desde la página 1, sino desde la mismísima portada (fijarsus en que a Cable le duele la pancha), en la que Robbie deja claro los 4 pilares sobre los que se sustenta su dibujo, a saber:
Rayitas, hipertrofia desproporcionada, guantes y gente con la boca abierta con los dientes “a puñaos” (cada personaje tiene unas 89 piezas, casi como un jodido pez gato). Porque eso sí, amigüítos, en este cómic otra cosa no, pero los dientes se enseñan, vaya que si se enseñan:


Isabel Pantoja – Dientes, dientes, eso es lo que les jode

Por lo que respecta al cómic en sí, pos tenemos una historia novedosa de cojones:
Cable y su grupo de mutantes militarizados se cuelan en la base de un drag queen terrorista llamado Dyscordia (sí, con <y>, que mola más). Una vez dentro, se ponen a repartir candela y a disparar sus armas metamórficas (el arma de Cable cambia de forma y tamaño en cada viñeta) al tiempo que sueltan chascarrillos ochenteros del tipo: “¿Dudas de mi honor de guerrero? Es tu segundo error, Segador… ¡El primero fue querer luchar conmigo! (sic)”. El caso es que, al final, no consiguen apresar al tal Dyscordia y se van por donde han venido. Luego sale un calvo con coleta de pelo verde (Gideón se llama, el nota) y más gente vestida de carnaval hablando y enseñando dientes, que eso es lo que les jode. El cómic termina con un general noir diciéndole a no sé quién que llame a Arma-X, lo cual, se mire por donde se mire, tiene unas connotaciones pornográficas que te vas de vareta.

Dialogos de Nizieta para el cómic X ForceNizieta x force

«Nicieza, master of the dialogue»

Sé lo que estaréis pensando, hamijos:
“¡Vaya cagarro de cómic! Robbie Liefeld es la risión, yo leo blog.adlo.es. Pensáis eso, no me digáis que no, pero os equivocáis de parte a parte porque Liefeld mola y molaba. Mucho.
¿Por qué, zeñó, por qué mola Liefeld?

Rob mola porque es un hijo intelestual del cine de los 80, de Rambo y Commando. Su grupo de mutantes no se pasa el día lloriqueando y filosofando como los X-Men de Claremont (Magneto: “Odio a los X-Men. No, espera, mejor me convierto en su mentor. Os quiero, muties. Espera, espera… No, me lo he pensado mejor: sus odio,”). No. Nein. Niet. X-Force estaba ahí para librar batallas absurdas, repartir palos, hipertrofiarse, mostrar la piñata, plagiar a George Pérez y soltar chascarrillos delirantes entre golpe y golpe. Sí, señores, no todos los lectores de cómics se tocan leyendo a Chris Ware y todo lo que publica Fulgencio Pimentel*, a algunos también les gustan los cómics de sudor y cerveza, de pelo en pecho…
¡Vivan los cómics casposo-noventeros!
*Nota: tanto Chris Ware como todo lo que publica Fulgencio molan mucho, pero había que meterse con alguien. Sorry, bros.

imagen de una cerveza amstelCAÑA
Amstel Beer

Nada mejor para acompañar a semejante cómic que una Amstel bien fría. La Amstel es, para un servidor, una cerveza sin fuerza, insípida y que tiene un contacto en boca, como diría Ford Farlaine, “lamentable-ble”. Yo creo que la “desventan” en la fábrica antes de sacarla a la venta (“¡Eh, tú, agita bien esa botella, que para eso te pago!”). Aun así, cuando te bebes 2 ó 3, te pillas un pedo muy tonto y te lo pasas de lujo con los colegas; lo mismo sucede con los cómics de Liefeld: al principio te parecen un zurullo, pero cuando les pillas el punto… Pues te siguen pareciendo un zurullo, pero te lo pasas de lujo leyéndolos. Hasta disfrutas de los fondos solventados con cuatro rayas. Y de los dientes.

Ricardo Vilbor