LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE. Comic de Juaco Vizuete

LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE
de Juaco Vizuete (Edit. Astiberri)

Hay dos tipos de creadores: por un lado, los que inventan las historias que les hubieran gustado vivir a ellos y, por otro, los que se basan en sus experiencias autobiográficas. Entre los autores de cómic valenciano esta división ha estado más o menos clara desde siempre. En el primer grupo, encontrábamos nombres como los de Mique Beltrán (La pirámide de cristal, Macao) o Daniel Torres (Opium, La estrella lejana), con sus aventuras escapistas; mientras que otros dibujantes, como Sento (Velvet nights, Un médico novato), preferían ceñirse  a la realidad de cada día.

Con la nueva hornada de autores (como el colectivo de artistas surgido de Los 7 monos) sucedió lo mismo: mientras que algunos, como Victor Santos (Los reyes elfos, Pulp heroes) o Jordi Bayarri (Entre Tinieblas, Magia y acero) recurrían a diversos géneros (como la fantasía épica, la ciencia-ficción o la novela negra) para contar sus historias, otros autores, como Sergio Córdoba  (Freaks in Love, Malas tierras) optaban por historias realistas, basadas en sus experiencias personales. Y llegamos a Juaco Vizuete, el autor alicantino, una auténtica rara avis, que rompe con esta tradicional tendencia, aunando ambos tipos de historias en su obra tebeística.

Juaco se dio a conocer a finales de los 90 con  “El resentido”, que partía de una experiencia íntima y personal entremezclada con elementos inventados.

Después se alejó de esa tendencia, bien para hacer obras de encargo como “Julito, el cantante cojito” o “Nuevas hazañas bélicas” (ambas con guiones de Hernán Migoya), bien para  experimentar y homenajear los referentes comiqueros adquiridos a lo largo de toda una vida de lecturas, como hizo en esa obra llamada “El experimento”.

Y ahora regresa al primer plano mediático con una obra tejida de sentimientos, llena de recuerdos personales, llamada “Lo primero que me viene a a la mente”. En realidad podía haberse titulado “Lo que me sale del bolo” (pero ése ya estaba cogido), “Aquellos desagradables años” o “Cuéntame lo que no pasó”.

En esta obra encontramos al Juaco de sus inicios, el mismo de “El resentido”, con una historia que le brota de dentro. Eso se nota, claro que se nota. Pero con un dominio a nivel narrativo mucho  mayor, el mismo que ya mostraba en su excelente cómic  “El experimento”, obra que pasó desapercibida para la gran mayoría.

Viñeta de el comic LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE de Juaco Vizuete

Al leer el título –a mí me pasó–, uno piensa que se va a encontrar con una historia egomaníaca, llena de chistes privados, para disfrute de él mismo y de sus cuatro allegados, donde el autor exorcizaría sus demonios internos. Hay muchos cómics y novelas onanistas que caen en ese mismo error.

Pero Juaco Vizuete es un autor inteligente y no escoge ese camino fácil. Utiliza algunos elementos autobiográficos pero sólo como punto de partida, como resorte de activación, colocándolos en medio de muchas invenciones, desdibujando la realidad misma, resultando difícil discernir qué pasó de verdad y que es ficción; haciendo más atractiva la historia que nos quiere contar.  ¿Y cuál es ésta? No es fácil de resumir en pocas palabras. Algunos, tras la lectura de esta novela gráfica apaisada, pueden decir: ¿la pérdida de la infancia? Quizás. ¿El hacerse mayor, sin que uno se de cuenta, poco a poco? Puede ser. ¿El sinsentido del comportamiento de los adultos? Sí, eso también. No se puede explicar la trama sin destriparla. Y no lo voy a hacer, porque ya lo han hecho diversas reseñas que pululan por la blogosfera. Pero a mí, como lector, me gusta no saber lo que me voy a encontrar ante una obra nueva, verla sin ideas predefinidas. En esta sociedad hiperconectada, es muy difícil volver a tener esa experiencia de lectura pura (en el caso de un libro o un cómic, o del visionado, en el caso de una peli); sin que los trailers o las reseñas que circulan por la red de redes te hayan contado el 80% de lo que pasa.

Lo primero que me viene a la mente” es una obra fruto del paso del tiempo, elaborada a fuego lento por Juaco, que reflexiona sobre ese mismo hecho: la rapidez con que pasan los días, la fugacidad de la vida, el tránsito de la infancia al mundo adulto. Requiere de una lectura sin prisa, pero sin pausa.

comic LO PRIMERO QUE ME VIENE A LA MENTE de  Juaco Vizuete

Ahora que los de nuestra generación, nacidos a principios de los 70, comenzamos a tener descendencia, y miramos hacia atrás (sin ira) con nostalgia, comparando nuestra infancia con la de nuestros vástagos, está bien que no todo sea una mirada idealizada. Juaco Vizuete no ha hecho este cómic para aprovecharse del tirón mediático del rentable “Yo fuí a EGB”. De hecho, se puede decir que este cómic es como su “reverso tenebroso”, como la cara B del antiguo cassette. Y contar a las nuevas generaciones que no todo era tan guay en la España democrática post-franquista. Que, a veces, el tigretón o la pantera rosa te caían mal y te hacían una bola en el estómago. Que el ambiente estaba enrarecido (sin llegar al nivel de las pelis de Lynch), sin que supieras muy bien por qué. Que los adultos, quienes parecía que lo sabían todo y lo tenían bajo control, en realidad tampoco poseían todas las claves de la existencia. Que el tesoro que encontrabas por sorpresa en el cajón de tu hermano, no eran lingotes de oro, sino una revista con fotos de mujeres desnudas: una invitación a un mundo extraño y desconocido, el de los adultos, en el que, por un lado, querías entrar, y por otro, te repelía.

Juaco nos ha hecho viajar en el tiempo; pero, en vez de una magdalena, él se ha servido de un tarro de Nocilla para evocar ese pasado reciente, aunque cada vez nos resulte más lejano.

Otro acierto de esta obra es la combinación de voces. La del narrador, con un tono poético-nostálgico, se intercala con los diálogos naturales y espontáneos de los dos hermanos protagonistas.     En cuanto al formato apaisado, debo decir que sorprende un poco al principio, pero en cuanto entras en la historia, ya te olvidas de ese curioso detalle.

En definitiva, una lectura muy recomendable, que no debe asustar por su gran número de páginas (más de trescientas), ya que se leen de un tirón, como en un suspiro.

No me extrañaría nada que, en un futuro cercano, esta obra que habla del pasado esté nominada a los premios más importantes del mundillo comiquero español.

Eso es lo que necesitamos: menos cómics de la Guerra Civil y más del 23-F. Gracias, Juaco, por mostrarles el camino a los que vienen detrás.

Reseña por Andrés Carrión

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