José Ángel Ares te enseña a crear personajes en base a sus rostros.
Capítulo dedicado a la creación de personajes que forma parte de la guía técnica «SECRETOS DE LA NARRATIVA GRÁFICA APLICADOS AL CÓMIC» que puedes consultar de manera gratuita en la web de Grafito Editorial así como pedir tu ejemplar en este enlace. Esperamos que lo disfrutes.




El rostro podría considerarse la puerta de entrada para conocer a una persona.
En nuestro caso, un personaje.
Cuando nos encontramos con otra persona, en lo primero que nos fijamos es en su cara, normalmente en sus ojos. Es la manera más rápida de conectar.
Nuestra cara está diseñada para expresar muchísimas emociones y a la hora de dibujar personajes es una herramienta muy poderosa, tanto para dotarles de peso, como para contar la historia y, sobre todo, mantener atento al lector y dejarle un poso.
Una vez somos conscientes de esto, podemos empezar a imaginar al personaje desde su base más primigenia. ¿Queremos que sea alguien tímido con su mirada huidiza y labios fruncidos? ¿Alguien cuya vida le está pasando continuamente malas pasadas, de mirada pesada y mandíbula prieta? ¿O alguien abiertamente sociable, muy positivo y abierto, cuya mirada sea directa y su sonrisa permanente?
Una vez lo descubramos hay que saber que esto no es algo inamovible y dependerá de la historia que sus emociones evolucionen. ¿Cuántas veces no ha pasado que un personaje cobarde acabe siendo el más valiente, o que ese cobarde no termine siendo malvado? Esto conlleva manejar las emociones con las que disfrutar dibujando, nunca agobiarnos.
Pero para dibujarlas debemos tener antes un rostro donde aplicarlas, y para eso dibujaremos la cabeza del personaje. La dibujaremos con los elementos básicos que le den personalidad, como el cabello, ojos, nariz, boca… Se puede enfatizar con el dibujo una de las partes que ayuden a atraer la vista del lector, como unos ojos prominentes, una nariz que ayude a reconocer su perfil, una gran boca que cogerá protagonismo con gritos o risas, unas pecas que le den un toque especial, tatuajes, etc. Hay muchas opciones y eso siempre nos ayudará.
Cuando ya la tenemos dibujada podemos hacer una prueba para comprobar que esos elementos la dotan de un primer vistazo característico, que se le puede reconocer dibuje quien lo dibuje. Prueba a dibujar esa cabeza en varios estilos a ver si una visión global te hace reconocerla sin esfuerzo. No es una prueba necesaria, pero sí aporta curiosidad.
Después orientaremos esa cabeza y rostro para afianzar sus elementos y comprobar que sabremos dibujarlos desde diferentes encuadres y que sigan reconocibles, lo cual irá en favor de la historia y su fluidez.
Pasadas estas fases “mecánicas”, entramos en la creación de expresiones. Esto le dará vida y dejará de ser un maniquí.
Dibujaremos lo básico: alegría, terror, sorpresa, indignación, burla, confusión, ira… Podemos tirar con esto o aportar matices a esas reacciones (porque no todos reaccionamos igual). Para eso, más allá de cogernos a nosotros mismos como modelo de referencia, nos fijaremos en otras personas.
Al final tendremos una guía de recurso que nos ahorrará tiempo y esfuerzo.
Luego el personaje se completará con su vestuario, actitud corporal y cómo llevarlo todo al encuadre y a las páginas.
Después date el gusto y dibuja un primer plano. Mira qué pasa. ¿Funciona o hay que trabajar un poco más esas expresiones? Que lo vean otras personas y te digan qué piensan al respecto.
Dibujar es un proceso de mejora constante.
José Ángel Ares
