CARLOS MOROTE

Todo comenzó el día en que un vulgar ratero asesinó a mis padres. Ese mismo día, caí por un agujero que daba a una cueva repleta de murciélagos… Ummm… no, no creo que cuele. Veamos.

Todo comenzó el día en que un robot vino del futuro para decirme, con acento austríaco, que tenía que dedicarme a esto de los cómics si quería sobrevivir…
Ummm…

Vale, quizá lo anterior me lo he inventado un poco. La realidad es mucho más sencilla. Atravesaba por un momento complicado en mi carrera como arquitecto, así que mi novia optó por buscarme un curso de dibujo de cómics para animarme. En aquella misma época conocí a mi amigo Andrew Scott. Con una cerveza en mano, como se hacen las cosas importantes, decidimos enfocar nuestras carreras a algo totalmente diferente.
Al día siguiente me escribió un mensaje al móvil ¡Hagamos una novela gráfica!
¡Por supuesto que sí! – dije.

Tras buscar en internet qué coño era eso de novela gráfica, corrí a la cocina a beber agua para pasar la resaca. “Este tío es calvo de tanto pensar, seguro que no nos equivocamos” – pensé –. Y así es como realmente empecé. Una etapa de bajón, una borrachera y su posterior resaca.
Desconozco si hay algún héroe que empiece así sus historias, pero al menos yo me pongo los calzoncillos por dentro.

Desde entonces, curro lo máximo posible para hacer de ésta mi profesión. Storyboards para agencias de publicidad, algún encargo que otro y tras un par de accésits en el certamen CreaMurcia de cómic. conocí a Fernando Dagnino (DC, DarkHorse), de nuevo con cervezas en mano. Junto a él, he colaborado en el cómic del videojuego Vesta (Finalboss Games), en el cómic Refugiados: viñetas solidarias (Spaceman Project) y en el cómic L’Agent (Glénat). Después conocí a Ángel Abellán. Tras darme cuenta de que hay gente aún más trastornada que yo, le dije “¿Por qué no escribes una historia para mí? Pero una que lo pete, que me quiero forrar. Y escribió “El Rey de las Polillas”.

Y ahora, si me disculpáis, sigo dibujando.