Los reflejos y el mal de Narciso

Agustín Ferrer Casas te enseña a dibujar correctamente los reflejos en el cómic.

Capítulo dedicado a los reflejos que forma parte de la guía técnica «SECRETOS DE LA NARRATIVA GRÁFICA APLICADOS AL CÓMIC» que puedes consultar de manera gratuita en la web de Grafito Editorial así como pedir tu ejemplar en este enlace. Esperamos que lo disfrutes.

Dícese que Narciso, joven apuesto y bello, quedó atrapado en un castigo sin fin por su vanidad: quedose mirando su propio reflejo en las quietas aguas de un estanque, incapaz de levantar la vista de la superficie del líquido elemento.
Pero ciñéndome al tema propuesto de cara al cómic, diré por experiencia propia que el recurso de dibujar reflejos –el propio de un espejo, el de la superficie del agua en calma o el de un material lo suficientemente pulido-, además de aportar cierta información visual a la historia que contemos, hará que nos quede una ilustración muchísimo más bella –volvemos a la figura de Narciso-. Por el contrario, si prescindimos de estos efectos o, incluso, los resolvemos mal, nuestro cerebro dirá “aquí pasa algo raro”.
Comienzo hablando del clásico reflejo en un espejo. Si el personaje que se mira en él está de espaldas al observador –en este caso el lector- y el espejo está situado en una posición frontal (si estuviera totalmente de perfil no veríamos el reflejo), podrá verse la cara del personaje reflejada en él (información de la que careceríamos en ausencia de espejo), salvo que el personaje esté en la misma línea visual del lector, interponiéndose entre este y el reflejo, o si se trata de un vampiro (ja, ja, ja).
Para este primer efecto no cabe otro recurso que dibujar el duplicado en el espejo. Caben ciertos atajos, como el recurso digital de copiar la imagen original y pegarla en el espejo volteándola horizontalmente. Para hacerlo bien la distancia existente entre el personaje original hasta el plano del espejo debe ser la misma que la de ese plano y el reflejo. Es decir, y a efectos prácticos, si nosotros acercamos un dedo a un espejo, la imagen reflejada de ese dedo se irá acercando en la misma medida hasta el dedo original (nunca llegará a tocarse puesto que siempre quedará por medio el espesor del vidrio y, detrás de este, el nitrato de plata que permite el reflejo).
En el caso de tratarse de una superficie pulida, brillante, reflectante, al acercar el dedo, este y su reflejo sí llegarán a juntarse.
La inclinación del espejo también es un tema importante a tratar. Así como la lámina de agua que actúa como espejo siempre va a estar dispuesta de manera horizontal, un espejo podrá inclinarse verticalmente, con lo que la imagen reflejada formará el mismo ángulo de inclinación con ese plano que conforma el espejo.
Pasemos al tema de los reflejos en charcos, piscinas, lagos –superficies en reposo- o en pavimentos muy pulidos. En estos últimos casos se dibuja el elemento a reflejar volteado verticalmente respecto al punto en el que este toca el suelo. En un pavimento se verá la figura entera. Pero cuando se trata de agua solo se verá la parte de la figura que, volteada como dije antes, entra dentro del perímetro del líquido –el modelo más pequeño son los charcos-. Así, por ejemplo, las montañas de un paisaje tocan el plano en el que se encuentra el agua en la línea del horizonte y, si no son altas y el lago está adelantado respecto a esa línea, puede que ni se reflejen.
Y por si fuese poco lo contado hasta ahora añadiré que los brillos y reflejos se mueven con el observador, no así las sombras si el punto de luz es fijo, pero eso ya sería teoría para otra ocasión.

Agustín Ferrer Casas