¡Onomatopeyas dinámicas!

Deliciest te enseña cómo trabajar con onomatopeyas dinámicas.

Capítulo dedicado a las onomatopeyas dinámicas que forma parte de la guía técnica «SECRETOS DE LA NARRATIVA GRÁFICA APLICADOS AL CÓMIC» que puedes consultar de manera gratuita en la web de Grafito Editorial así como pedir tu ejemplar en este enlace. Esperamos que lo disfrutes.

Creo que viñetas, bocadillos y onomatopeyas son los elementos que nos vienen primero a la cabeza cuando pensamos en un cómic. Las onomatopeyas principalmente representan los sonidos que no se corresponden a diálogos, nos añaden información sobre qué está sucediendo en la escena o incluso fuera de la viñeta, haciendo que la lectura sea más completa e inmersiva.
Aunque técnicamente son también texto, las onomatopeyas van mucho más allá, al no estar contenidas en un bocadillo, deben estar en perfecta armonía con el dibujo, y realzar las acciones que describen. Es por eso que tenemos que poner especial cuidado en cómo las dibujamos. Por ejemplo, te recomiendo usar un texto grande, de formas agresivas y aserradas para sonidos de explosiones, y letras diminutas y redondeadas para describir el sonido de alguien caminando de puntillas. ¡Ten en cuenta que el tamaño de la onomatopeya influye mucho en la impresión del volumen que tiene ese sonido!
Pero además, podemos usarlas a nuestro favor para añadir una dosis de dinamismo extra a nuestras escenas. ¿Cómo podemos hacer esto? Fácil, teniendo en cuenta las líneas de movimiento.
Las líneas de movimiento no tienen porqué estar representadas de forma independiente (ahí estaríamos hablando de líneas cinéticas), son la dirección en la que se ejerce una acción. Por ejemplo, imagina que vas a dibujar un coche tomando una curva a gran velocidad. Si dibujamos la onomatopeya del sonido del motor con esa misma forma curva, estaremos exagerando aún más la sensación de velocidad. O, si dibujas un puñetazo, deberías colocar la onomatopeya en el punto de impacto para aumentar la impresión de recorrido y fuerza del golpe.

Pero no todas las onomatopeyas se tienen que adaptar a las líneas de movimiento de acciones de personajes u objetos en la viñeta. ¡Pueden tener líneas de acción propias! Aquí entra en juego el ritmo y el tiempo. Un sonido que se repite muchas veces en una viñeta nos da la sensación de que el tiempo de esa escena se prolonga. Si además, usamos una línea de acción larga, y sinuosa, ni te cuento. O, si variamos el tamaño y posición del sonido, tenemos la sensación de que es una acción que se repite erráticamente. Ejemplos podrían ser, unas manos tecleando, una persona que mastica comida…

Y si, como yo, te gusta poner una dosis extra de dramatismo a tu cómic… ¿Por qué limitarnos a los sonidos de acciones que realmente ocurren en la escena? Imagina el sonido de unos platillos en una escena dramática, o el sonido de la brisa cuando un personaje se da cuenta de que se ha enamorado… Son sonidos que buscan transmitir una sensación, y también puede ser interesante usarlos si tu estilo se presta a una dosis extra de exageración.

A las onomatopeyas les afecta el recorrido del flujo de lectura como a todos los elementos de un cómic. Por esto es importante tenerlas en cuenta en la fase de boceto, igual que a los bocadillos de texto. Sobre todo si quieres que queden integradas con el dibujo, debes tratarlas como parte de él, y no como una pegatina que pones al terminar la página. Si no, es muy fácil que te quedes sin espacio suficiente, y que no consigas que tengan el impacto necesario.

Creo que las onomatopeyas, a pesar de ser uno de los símbolos universales del cómic, es algo a lo que no le prestamos mucha atención cuando empezamos a dibujar. Yo te animo a practicar, ¡fíjate en cómo las usan tus dibujantes favoritos y prueba tú también a jugar con la expresividad del texto!

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