Zoraida Zaro te enseña cómo usar viñetas más dinámicas.
Capítulo dedicado a las viñetas dinámicas que forma parte de la guía técnica «SECRETOS DE LA NARRATIVA GRÁFICA APLICADOS AL CÓMIC» que puedes consultar de manera gratuita en la web de Grafito Editorial así como pedir tu ejemplar en este enlace. Esperamos que lo disfrutes.



Cuando alguien dice «viñeta», la representación mental automática es un cuadrado bien delimitado, con bordes marcados, que contiene un dibujo, o siendo más precisos: un instante de una historia, un segmento de acción representado gráficamente. Podríamos decir que la viñeta es nuestra Unidad Mínima de Medida del cómic.
Cuando comenzamos a dibujar historietas, a menudo nos centramos en cuestiones como perspectiva, anatomía, entintado, color o rotulación, pero no es raro que prestemos poca o ninguna atención a las viñetas entendidas como contenedor de esos elementos. Y este descuido tiene importancia porque el tamaño, la forma y el estilo de las viñetas afectan al ritmo de la narración: por muy buena que sea nuestra historia o nuestro dibujo, si el ritmo falla, no vamos a mantener la atención de quien lee. Que las viñetas fluyan entre sí de manera que la lectura sea ágil, intuitiva y avance en la narración es fundamental para que ese interés no decaiga.
Pienso en el ritmo narrativo como una batería (de las musicales, no de las de cargar cacharros): tienen que haber acentos, redobles, síncopas, aceleración, deceleración. Resumiendo: combinación de recursos, variedad. Incluso si decidimos que vamos a «tocar» un ritmo básico en una historieta corta, podemos buscar la manera de que ese ritmo sea pegadizo y memorable, algo así como una canción de los Ramones pasada a narración secuencial. En mi cabeza, el equivalente sería cualquier historia corta de Mignola («Tortitas» o «El mago y la serpiente», por ejemplo): todas sus viñetas son ortogonales, apenas recurre a la viñeta insertada en un par de ocasiones, pero la alternancia de viñetas verticales, horizontales y cuadradas funciona con eficiencia incontestable y casi puedes oír un metrónomo a medida que lees. Las viñetas fluyen gracias a esa alternancia. Demasiadas viñetas seguidas con el mismo tamaño y forma hacen la narración repetitiva y ESTÁTICA. Lo pongo así de grande porque aunque quizá sea algo que quieras usar en algún momento como recurso puntual, en líneas generales, estático es ABURRIDO y repetitivo es AÚN PEOR.
Entonces, ¿qué tenemos a mano?
-La VIÑETA CUADRADA sería nuestro básico, el fondo de armario. Las viñetas RECTANGULARES HORIZONTALES a menudo se usan para introducirnos en la historia con un paisaje, una vista general… nos dan contexto. La RECTANGULAR VERTICAL suele mostrarnos cosas que suceden en esos contextos. Las CIRCULARES son especialmente socorridas para llamar la atención sobre algo o alguien en concreto. Remiten al imaginario de la lupa o el foco.
-Las OBLICUAS o DIAGONALES son especialmente útiles para mostrar movimiento, dinamismo: lo mismo te sirven para una persecución, para una pelea o para momentos de tensión. Las IRREGULARES (tipo «estrelladas») además nos sirven para destacar algo en particular.
-Las viñetas SUPERPUESTAS y las INSERTADAS (una dentro de otra) nos dan transiciones interesantes y más fluidas.
-Las viñetas ROTAS, en las que un personaje u objeto sobresale del margen roto, nos sirven para enfatizarlo.
-Las viñetas A SANGRE nos permiten una mayor ilusión de inmersión y dar más aire a la página, al igual que las ABIERTAS o SIN MARGEN.
-Las SPLASH PAGES, viñetas a página completa o a doble permiten puestas en escena con mucho dramatismo.
-Las de BORDES DIFUSOS sirven para flashbacks y sueños.
-Las EXPERIMENTALES: deformadas, licuadas, que juegan con los planos, cruzadas, diluidas, en espiral… todo lo que se te ocurra. Aquí el campo de juego y las posibilidades son inagotables.
Recuerda que el tipo de viñetas que uses ha de estar basado en lo que quieras contar: en si quieres crear suspense, tensión, si necesitas introspección o una acción veloz… ¡experimenta, combina diferentes opciones!
Zoraida Zaro
